Hábitat (ἐνδο–)

Coloca cada mano en una jamba de la puerta. Olvida el tiempo, olvida todo aquello que has tocado hasta este instante —incluso ese zumbido residual, tinnitus subjetivo, debe desaparecer. Después, con ambos pies descalzos, deja las plantas ser sobre la yerba, divídete en esquejes e imagínalos creciendo lentamente del jardín (un árbol de vesículas biliares, por ejemplo, con el tronco cubierto por dendritas trepadoras). Vuelve: esta es la noche en la que Marco Aurelio decidió escribir en griego por primera vez, la noche en la que Lorca, al adentrarse en Harlem, se convierte en mito, noche en que el mismo fuego hiciera arder las bibliotecas de Bagdad y Alejandría. Tienes la casa quieta entre las manos, cogida por las jambas, y la invades.

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Publicado originalmente en Plural de habitación.
Imagen: plano sección de Habitat 67, de Moshe Safdie.

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