Reescritura de Wang Wei

Dime tú
que de mi pueblo vienes
y sabrás lo que ocurre
si frente a mi ventana
han florecido ya
los primeros ciruelos.

 

Reescritura sobre varias versiones inglesas
y una traducción española de Chen Guojian.

TarkovskyPolaroid1

Fotografía: Andrei Tarkovsky (Polaroid)
extraída de aquí.

Anuncios

Imprescindibles (IV): Fragmento de “Adiós a la India”, por Chantal Maillard.

Hokusai: Ciegos examinando un elefante (1817).

Hokusai: Ciegos examinando un elefante (1817).

[…] Lo que las antiguas escuelas indias enseñaban comienza y tal vez termina en el conocimiento de los límites de la propia mente. Todo lo que puede decirse es pensado, lo que puede ser nombrado, y también la ausencia y la negación de lo que puede ser nombrado. Todo es producto de la mente: la analogía, el máximo y el mínimo, los superlativos y los opuestos son algunas de las operaciones lógicas con las que pone en relación unas cosas con otras. Pensamos la caducidad y ella inventa los dioses. Pensamos el miedo, ella inventa el mal. Pensamos la atracción e inventa el amor. Pensamos la limitación, inventa el infinito. Pensamos la muerte, inventa la inmortalidad. El mundo que inventa la mente es un mundo lógico, y en él creemos. ¿Qué hay más allá de él? La pregunta es una trampa: “más allá” es una función lógica. Nadie traspasará jamás el umbral de este mundo llevando en el zurrón alguno de los conceptos que la mente elabora para el viaje. Las teologías son sandalias de plomo; las enseñanzas espirituales, molestas enaguas. Solo alguien sin sombra traspasará el límite. Alguien sin palabras.

De Adiós a la India(Málaga: Puerta del Mar, 2009), aunque en estecaso ha sido extraído de India (Valencia: Pre-Textos, 2014).
Autora: Chantal Maillard.

Imprescindibles III: Quisiera estar solo en el sur, por Luis Cernuda

Quizá mis lentos ojos     no verán más el sur
de ligeros paisajes     dormidos en el aire,
con cuerpos a la sombra     de ramas como flores
o huyendo en un galope     de caballos furiosos.

El sur es un desierto     que llora mientras canta,
y esa voz no se extingue     como pájaro muerto;
hacia el mar encamina     sus deseos amargos
abriendo un eco débil     que vive lentamente.

En el sur tan distante     quiero estar confundido.
La lluvia allí no es más     que una rosa entreabierta;
su niebla misma ríe,      risa blanca en el viento.
Su oscuridad, su luz     son bellezas iguales.

Las Cabezas de San Juan (Sevilla, España).

De Un río, un amor (1929).
Autor: Luis Cernuda.