La habitación #1 – Con Luis Magrinyà

Amigas y amigos, el próximo lunes 5 de febrero, en el bar El gato verde (Lavapiés), se inaugura La habitación, un proyecto que he estado preparando los últimos meses con los chicos de la revista Oculta Lit.

Se trata de un ciclo mensual de entrevistas abiertas a público que pretende servir de puente entre los lectores y las personas que mantienen vivo y coleando el mundo de los libros. En el primer encuentro entrevistaremos a Luis Magrinyà, narrador, traductor y editor de la colección Alba Clásica, además de lexicógrafo y especialista en cuestiones de estilo literario.

Libros-de-Luis

Algunos de los libros del autor junto a otros en los que participa como editor o traductor, todo sobre la mesa del salón de mi casa.

Magrinyà (Palma de Mallorca, 1960) ha publicado dos libros de relatos con la editorial Debate, Los aéreos (1993) y Belinda y el monstruo (1995). En el año 2000 ganó el Premio Herralde de Novela con su primera narración extensa, Los dos Luises, tras lo cual ha publicado en Anagrama otros dos libros: Intrusos y huéspedes (2005) y Habitación doble (2010), recopilados en un solo volumen el año pasado por la misma editorial. En el año 2015, además, vio la luz Estilo rico, estilo pobre (Debate), una divertidísima y aguda recopilación de los artículos que había firmado en El País en torno al espinoso tema del estilo literario.

El espíritu de La habitación pasa precisamente por acercar al público al entrevistado, por lo que todas las intervenciones serán bienvenidas. ¿Cuántas veces tenéis una oportunidad así? ¡Os vemos en El gato verde, a las 20:00, el lunes 5! (C/ Torrecilla del Leal, 15).

La habitación #1

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Por desdorar el oro

Al cabo de la llave está el metal en que aprendiéramos a desdorar el oro.

César Vallejo

Ahora que el invierno está alcanzando su profundidad más íntima, vuelvo a pensar en César con su traje oscuro. Está sentado en un banco de madera, ensimismado, disfrutando en silencio del sol que baña tibiamente la ciudad de Niza mientras alguien, Georgette, quizás, se retira unos pasos antes de tomarle una fotografía. Fue la propia Georgette la que le dio, apenas ocho años después, la fosa humilde que guardaba para sí en el cementerio de Montrouge. Él se murió de hambre y de cansancio en un París cualquiera en que llovía la fiebre. Había sido un ferviente comunista; siempre pobre, siempre consciente de su origen arraigado en el pequeño pueblo de Santiago de Chuco. Fue nieto de indígenas y amigo de mineros, encarcelado injustamente, cultísimo y constante defensor de la República Española; cuando estalló la guerra nos escribió el poema más hermoso que se nos ha escrito jamás.

Pienso en Vallejo —en César— porque reclamo su figura para mí, no de un modo excluyente sino a modo de maestro extemporal, continuado; porque es uno de esos escritores que pueden releerse una y otra vez, en momentos terribles y magníficos; porque sufría, como el sol, una herida de luz sonora y fértil.

Pienso en Vallejo, en fin, porque lo hago siempre que me atrevo a dar un paso fuera de mi espacio de confort. Mañana me marcho al extranjero, por lo que estaré lejos de aquí durante algunos días. Prometo ser igual de críptico cuando regrese.

Juan

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