Poemas del jardín 3317 (Tres fragmentos)

POEMAS DEL JARDÍN 3317

Tres fragmentos

Así se han numerado los solares de las casas, pintando en los bordillos, con espray, un código que ni siquiera terminamos de entender. En el 3317 de la calle Linda Vista viven seis personas, cada una con su nombre y con su extraña ficcionalidad, con su sonrisa propia y su creciente colección de objetos personales. Mientras la noche extiende su ramaje como un árbol ebrio, como una manta oscura en el tejado impermeable, las seis personas duermen en su habitación y tienen sueños no relacionados.

***

En el jardín, la ira se ha igualado a la tristeza. Alguien escribe un mail y en ese mail me dice intenta no centrarte en el dolor, intenta no pensar en nada en absoluto; pero yo sigo estando en el minuto en que los niños muerden las adelfas, y levanto al azar las palmas de las manos. Alguien escribe un mail y en ese mail me dice que me quiere, me dice que la noche está quemando el poco combustible que le queda y que se está expandiendo a nuestro alrededor como una amarga estrella de color crepúsculo. Dejo el ordenador sobre la mesa y doy pasos a ciegas en la oscuridad. Alguien escribe un mail y en ese mail me dice vuelve a casa.

***

El olvido, sin duda, es una forma extraña de pureza; se cuela por debajo de las puertas y araña la moqueta del salón, comienza a acumularse en las esquinas y a comprender el juego de los ácaros. Cuando la luz alcanza la ciudad, después de haber dormido en el desierto, cuando llega furiosa y alargada como la mano de una adolescente, viene a tocar sus crestas de jabón, siempre invisibles, tibio lagarto que se extiende al sol sobre la espalda de las escombreras.

cherry blossoms van gogh

Textos publicados originalmente en Tenían veinte años y estaban locos.
Lienzo: Van Gogh.

Amor contra pandemia

The features in their private dark / are formed of flesh,
but let the false day come…

Dylan Thomas

      Acabas de actuar. En una mesa,
a no mucha distancia de mi cuerpo,
conversas con el resto del reparto
y cambias opiniones con
el escritor —aquí habría que llamarlo
dramaturgo. Yo me mantengo
al margen, guardo
mi imagen de profeta
en la chamarra, espero
a que disuelva el giro estos instantes
tal y como ha disuelto, de improviso,
ese otro cuerpo que antes ocupabas.
NNDespués pasan las horas. Apareces
llorando a solas dentro de la cama;
me preguntas
cómo es posible que una puerta abierta
cierre a la vez el paso a dos andenes.
Más tarde, ya en silencio, contemplamos
cómo una luz aguda y conocida,
condensando las cosas, una a una,
amor contra pandemia, hacia su nombre,
se instala en un jirón de la pared
y da lugar a un cuarto, tres manoplas,
un edredón, dos lámparas y un gato.
NNQuisiera ser capaz
de reiniciar el juego;
volver adonde se hizo el último
guardado; almacenar,
en la memoria externa que me diste,
algunos datos antes de borrar
el disco duro y de arrojarme al Sena
(I’ll die in Paris, on a rainy day,
perhaps one Thursday, as today, in autumn…).
Tú acabas de dormirte y yo, sin ti,
observo el envés negro de mis párpados.
Muy lentamente empiezo a naufragar.
NNNo me oye nadie.

(C) Juan Fernández Rivero. 
Fotografía: Man Ray. 
Publicado originalmente en Palpitatio Lauri: http://www.palpitatiolauri.com/juan-fernaacutendez-rivero.html

Ojos como tijeras, tan azules (Moldavia, 2011)

Para Ezequiel Moreno

Un autobús traspasa la frontera.
El aire entre nosotros está frío
y vibra sin rozarnos, densamente.
Hay coches oxidados en la tierra.
Cien ojos nos contemplan junto a ellos.
Ojos como tijeras, tan azules.

(Moldavia, 2011)

(C) del texto Juan Fernández Rivero.
Cuadro de Antoni Tàpies. 
* Poema publicado originalmente en el decimoquinto número de la revista Cuaderno de Creación, visitable en el siguiente enlace: http://issuu.com/palimpsesto/docs/cuaderno_15_web?e=1798987/7647626#search