A J.F.R.
que bien podría ser
un aeropuerto
Confíate a los idus de marzo
porque vendrán otros meses más crueles
y ya sabes que, desde que nos fuimos,
la casa es una espina —
«y un rosario».
Ana Correro, originalmente publicado en De Vegades.
A J.F.R.
que bien podría ser
un aeropuerto
Confíate a los idus de marzo
porque vendrán otros meses más crueles
y ya sabes que, desde que nos fuimos,
la casa es una espina —
«y un rosario».
Ana Correro, originalmente publicado en De Vegades.
La última traducción que hice para Seven Crossways tiene saber nipón, aunque venga del oeste.
SEVEN CROSSWAYS | Lit. Translation
.
THE WEIGHT OF NAMES
The night my cousin killed himself
the women in our family would not touch the phone.
All I could think of were the collapsed veins
on his hands, the goatee the morticians shaved off,
the faint stitches they sewed under his neck.
It was dawn when planes streaked across the horizon.
Sirens blared down Sepulveda as if to bid my cousin
farewell. My grandfather sat and said—
He would walk above the clouds
up to the dead… Today I understand
the women’s fears and superstitions
about the dead calling them back—
about my cousin, the only son
who was supposed to carry out
my grandfather’s name.
EL PESO DE LOS NOMBRES
La noche en que se suicidó mi primo
las mujeres de nuestra familia no tocaron el teléfono.
Lo único en lo que podía pensar era en las venas hinchadas
de sus manos, en…
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POEMAS DEL JARDÍN 3317
Tres fragmentos
Así se han numerado los solares de las casas, pintando en los bordillos, con espray, un código que ni siquiera terminamos de entender. En el 3317 de la calle Linda Vista viven seis personas, cada una con su nombre y con su extraña ficcionalidad, con su sonrisa propia y su creciente colección de objetos personales. Mientras la noche extiende su ramaje como un árbol ebrio, como una manta oscura en el tejado impermeable, las seis personas duermen en su habitación y tienen sueños no relacionados.
***
En el jardín, la ira se ha igualado a la tristeza. Alguien escribe un mail y en ese mail me dice intenta no centrarte en el dolor, intenta no pensar en nada en absoluto; pero yo sigo estando en el minuto en que los niños muerden las adelfas, y levanto al azar las palmas de las manos. Alguien escribe un mail y en ese mail me dice que me quiere, me dice que la noche está quemando el poco combustible que le queda y que se está expandiendo a nuestro alrededor como una amarga estrella de color crepúsculo. Dejo el ordenador sobre la mesa y doy pasos a ciegas en la oscuridad. Alguien escribe un mail y en ese mail me dice vuelve a casa.
***
El olvido, sin duda, es una forma extraña de pureza; se cuela por debajo de las puertas y araña la moqueta del salón, comienza a acumularse en las esquinas y a comprender el juego de los ácaros. Cuando la luz alcanza la ciudad, después de haber dormido en el desierto, cuando llega furiosa y alargada como la mano de una adolescente, viene a tocar sus crestas de jabón, siempre invisibles, tibio lagarto que se extiende al sol sobre la espalda de las escombreras.
Textos publicados originalmente en Tenían veinte años y estaban locos. Lienzo: Van Gogh.