Llenan de queroseno nuestros úteros

Michael Kenna

llenan de queroseno nuestros úteros
y los ponen en venta en internet

mueven la lengua a golpes
sin hablar
y se nos hunde el miedo en las clavículas

son ellos, corazón
el enemigo
nubes de leche ácida y cristales

para escribir sus nombres en las frentes del futuro
no necesitan más que tiempo y máscaras

Este poema se publicó originalmente en la revista Oculta Lit / Fotografía de Michael Kenna.

 

 

 

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23-03-17. Presentamos ‘After Ego’ en Madrid

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¡Buenas! Estoy muy feliz de anunciaros que el próximo jueves 23 de marzo, a las 19:45, se presenta ‘After Ego’ en Arrebato Libros, mítico espacio de Malasaña dedicado a la poesía, el libro de fondo y la cultura en general.

Por supuesto, a mí me tendréis allí, pero también contaremos con la presencia de Cristian Piné y Raúl Gil, por lo que el sarao final puede ser más que interesante e incluirá presentación, lectura y breve debate con el público (sucedido de otro largo y con cerveza para todo el que se quiera sumar).

Os veo la semana que viene ;).

Por desdorar el oro

Al cabo de la llave está el metal en que aprendiéramos a desdorar el oro.

César Vallejo

Ahora que el invierno está alcanzando su profundidad más íntima, vuelvo a pensar en César con su traje oscuro. Está sentado en un banco de madera, ensimismado, disfrutando en silencio del sol que baña tibiamente la ciudad de Niza mientras alguien, Georgette, quizás, se retira unos pasos antes de tomarle una fotografía. Fue la propia Georgette la que le dio, apenas ocho años después, la fosa humilde que guardaba para sí en el cementerio de Montrouge. Él se murió de hambre y de cansancio en un París cualquiera en que llovía la fiebre. Había sido un ferviente comunista; siempre pobre, siempre consciente de su origen arraigado en el pequeño pueblo de Santiago de Chuco. Fue nieto de indígenas y amigo de mineros, encarcelado injustamente, cultísimo y constante defensor de la República Española; cuando estalló la guerra nos escribió el poema más hermoso que se nos ha escrito jamás.

Pienso en Vallejo —en César— porque reclamo su figura para mí, no de un modo excluyente sino a modo de maestro extemporal, continuado; porque es uno de esos escritores que pueden releerse una y otra vez, en momentos terribles y magníficos; porque sufría, como el sol, una herida de luz sonora y fértil.

Pienso en Vallejo, en fin, porque lo hago siempre que me atrevo a dar un paso fuera de mi espacio de confort. Mañana me marcho al extranjero, por lo que estaré lejos de aquí durante algunos días. Prometo ser igual de críptico cuando regrese.

Juan

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