Jericho Brown: Track 1. Lush Life

TRACK 1. LUSH LIFE

The woman with the microphone sings to hurt you,
To see shake your head. The mic may as well
Be a leather belt. You drive to the center of town
To be whipped by a woman’s voice. You can’t tell
The difference between a leather belt and a lover’s
Tongue. A lover’s tongue might call you a bitch,
A term of endearment where you come from, a kind
Of compliment preceded by the word sing
In certain nightclubs. A lush life tongue
You have: you can yell, Sing bitch, and, I love you,
With a shot of Patrón at the end of each phrase
From the same barstool every Saturday night, but you can’t
Remember your father’s leather belt without shaking
Your head. That’s what satisfies her, the woman
With the microphone. She does not mean to entertain
You, and neither do I. Speak to me in a lover’s tongue—
Call me your bitch, and I’ll sing the whole night long.

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TRACK 1: LUSH LIFE*

La mujer del micrófono canta para herirte,
para ver cómo mueves la cabeza. Igualmente, el micro podría ser
un cinturón de cuero. Conduces hacia el centro de la ciudad
para ser azotado por la voz de una mujer; no puedes distinguir
un cinturón de cuero de la lengua
de una amante. La lengua de un amante podría llamarte zorra,
un término afectivo en el lugar del que viniste, una especie
de halago precedido en ciertos clubes
por la palabra canta. Tienes lengua de vida
desbordada: puedes gritar Canta, zorra y Te quiero
con un chupito de Patrón** al final de cada frase,
cada sábado-noche, desde el mismo
banco, pero no puedes recordar el cinturón de cuero de tu padre
sin mover la cabeza. Eso es lo que la satisface a ella, a la mujer
del micrófono. No intenta entretenerte,
como tampoco lo hago yo. Háblame con la lengua de un amante:
llámame zorra y cantaré la noche entera.

Lush life, que literalmente significa “vida exuberante” pero que también hace referencia al alcoholismo, es el título de un tema clásico de jazz que ha sido interpretado por algunas de las más importantes figuras de su historia, desde Ella Fitzgerald hasta Nat King Cole. El siguiente enlace conduce a la versión que en 1953 grabaran del tema John Coltrane y Johnny Hartman para el álbum homónimo Lush Life.

** Patrón es una marca relativamente cara de tequila mexicano.

De Please (2008).
Versión de Juan Fernández Rivero. 
Originalmente publicado en Seven Crossways - Lit. Translation.
Fotografía tomada de aquí.

No da dinero

     Hace no mucho, en una fiesta organizada dentro de la casa que comparto con cinco compañeros de distinta nacionalidad, alguien me preguntó a qué me dedicaba. Después de responderle escuetamente «a la poesía», el tipo, una persona inteligente en líneas generales y aficionado a la literatura, quiso saber de qué manera era posible dedicarse a día de hoy a una actividad que no produce beneficios económicos. Acostumbrado a la pregunta, le expliqué que aunque dedico la mayor parte del tiempo a la poesía o, mejor dicho, a la literatura en general, trabajo a jornada completa como profesor y ayudante de oficina en una empresa internacional y, cuando puedo, hago además pequeños trabajitos que me ayudan a ir tirando como en definitiva hace cualquier hijo de vecino.

     Desde luego que no se puede vivir de la poesía, sobre todo si se tiene en cuenta que uno pretende competir en un mercado saturado, dentro del cual imperan otras formas literarias que, más populares y asequibles, terminan atrayendo la atención de un público desde hace muchos años desinteresado en la profundidad. O.K., esto es un hecho, pero no proclamemos la tragedia todavía: si alguien se ha dedicado a la poesía contemporánea esperando hacer dinero es que se trata indiscutiblemente de un idiota y si, lo que es peor, se queja por no ser capaz conseguirlo, mi único consejo (y petición) es que abandone para siempre.

     No, señores, definitivamente la poesía ni da ni dio dinero en épocas pasadas, hecho en el que, a mi juicio, radica una de sus mayores ventajas frente a otras disciplinas literarias. Por un lado, la ausencia de intereses monetarios la ha mantenido relativamente al margen de las imposiciones del mercado editorial y, por otro, esta misma circunstancia ha propiciado que muy pocos buscavidas se interesen en medrar a costa suya, como sí ha sucedido con la narrativa, el cine, la pintura o la música entre otras. Por supuesto que es un fastidio no poder vivir de los escritos, pues no deja de ser frustrante el escaso reconocimiento que merece en sociedad el esfuerzo de componer buenos poemas. Tampoco es agradable encontrarse con el rechazo frontal que las editoriales a la clásica ponen ante los jóvenes poetas, aunque no resulta difícil entender que no merece la pena poner en juego un capital que se sabe perdido de antemano.

     ¿Qué nos queda, pues? Primero asumir que si queremos hacer pasta lo mejor será buscarse otro negocio y, segundo, que la última compensación por lo creado no será otra cosa que lo creado en sí (filosofía por otra parte positiva según varias posturas orientales). Por último podemos consolarnos asumiendo el coste verdaderamente ínfimo de la escritura de un poema, que pasa por papel, lápiz y tiempo y por fortuna no requiere disponer de un desbordante elenco de herramientas, un estudio de grabación o, lo que sería mucho peor, una legión de productores.

     Un saludo.