Respuesta y versiones de Sagawa Chika

sallyMann

ANTIGUAS FLORES

Antaño florecidas en el pecho del océano
aunque descoloridas ya en su mayor parte
y al igual que los años que llegan de algún sitio
para desmoronarse silenciosos
son invisibles ya
las niñas recogen los labios de las olas con la punta de los dedos
y sondan la oquedad de los anillos.

PARTIR

Se abre la boca de la noche para escupir el bosque y las torres del reloj.
El sol se pone en pie y echa a correr por una calle de cristal azul.
Los coches y las faldas cortan en rebanadas musicales la ciudad
y estas bucean después en los escaparates.
El puesto de fruta huele a la mañana.
Incluso aquí el sol se multiplica en azul.
La gente lanza anillos hacia el cielo.
Para atrapar los soles.

family-color

EN RESPUESTA A UN POEMA DE SAGAWA CHIKA — J.F.R.

Lancé un anillo al cielo
para atrapar el sol

pero alcancé a las nubes
y los pájaros

se desplomaron como gotas muertas.

***

Versiones realizadas originalmente para PlayGround Magazine
y Luna Miguel sobre una traducción inglesa de Sawako Nakayusu  (Canarium Books).
Fotografías de Sally Mann (Family Color, 1990-91),  extraídas de aquí.

Brisa Marina (Brise Marine) — Stéphane Mallarmé (Francia, 1842-1898)

Obra de Joaquín Sorolla

Obra de Joaquín Sorolla

BRISE MARINE

La chair est triste, hélas ! et j’ai lu tous les livres.
Fuir ! là-bas fuir ! Je sens que des oiseaux sont ivres
D’être parmi l’écume inconnue et les cieux!
Rien, ni les vieux jardins reflétés par les yeux
Ne retiendra ce cœur qui dans la mer se trempe
Ô nuits ! ni la clarté déserte de ma lampe
Sur le vide papier que la blancheur défend
Et ni la jeune femme allaitant son enfant.
Je partirai ! Steamer balançant ta mâture,
Lève l’ancre pour une exotique nature!
Un Ennui, désolé par les cruels espoirs,
Croit encore à l’adieu suprême des mouchoirs!
Et, peut-être, les mâts, invitant les orages
Sont-ils de ceux qu’un vent penche sur les naufrages
Perdus, sans mâts, sans mâts, ni fertiles îlots…
Mais, ô mon cœur, entends le chant des matelots!

BRISA MARINA

NNLa carne es triste, sí, y yo he leído ya todos los libros. Huir, huir sin más, pues siento que los pájaros van ebrios de estar entre los cielos y la espuma. Nada, ni los jardines viejos reflejados por los ojos, retendrá un corazón mojado ya en el agua, oh noche, ni la claridad desierta de mi lámpara sobre un papel vacío que defiende su blancura, ni la joven muchacha que amamanta a su bebé. ¡Me marcharé! ¡Mueve tu mástil, nave, leva tus anclas hacia un paraje exótico! ¡El aburrimiento, por esperanzas crueles desolado, cree aún en el supremo adiós de los pañuelos! Y pues, tal vez, los mástiles invitan las tormentas, son ellos los que el viento inclina hacia los náufragos perdidos, sin mástiles, sin mástiles, sin fértiles islotes… Mas oye, corazón, ¡escucha el canto de los marineros!

Originalmente publicado en Seven Crossways. 
De Brise Marine (1865).
Versión en prosa de Juan Fernández Rivero.