Presentamos la campaña de ‘After Ego’ en Lavapiés

El próximo jueves 9 de junio presentamos la campaña de ‘After Ego’ en El gato verde, un local muy chulo en la calle Torrecilla del Leal de Lavapiés (Madrid). Además contaremos con la presencia y música de Fernando Gimeno y la Bíceps Blues Band, una banda madrileña dedicada al raro y valioso arte del blues-folk en español.

Recordad: estoy haciendo una campaña de crowdfunding para recaudar fondos y publicar mi primer poemario en solitario. Si sigues este blog y valoras mi trabajo como poeta, estoy seguro de que te encantará ayudarme a ver mi primer libro publicado en papel.

¡Gracias y nos vemos en El gato!

Juan Fernández Rivero

carte_recital-concierto

#AfterEgo #Poesía #Crowdfunding #Libroscom

Las superficies arden a kilómetros de mí

Rey Negro

Las superficies arden a kilómetros de mí; hoy duermo en el oscuro centro de este otoño. Nada puede cambiar el corazón de la Europa que andaba con dos piedras; volvemos a elevar las barricadas, aunque esta vez lo hacemos con los torsos de los otros, con las manos más ciegas y más dulces.

Te has marchado.

Eras hermosa y alta como un manifiesto, tenías la piel ajada de banderas y las ojeras negras de formol; cuando te hacía el amor hundías las rodillas en la tierra. Por lo que a mí respecta, sigo aquí. No estoy obsesionado por vivir, pero sigo a la vida a todas partes. Recuerdo aún la miel sobre tus párpados.

.

.

.

Texto: Juan F. Rivero.

Fotografía: João Pedro Pinto.
.

.

.

.

.

***

After Ego, libro en el que se incluye este poema, está siendo financiado a través de crowdfunding. Puedes participar en Libros.com.

No da dinero

     Hace no mucho, en una fiesta organizada dentro de la casa que comparto con cinco compañeros de distinta nacionalidad, alguien me preguntó a qué me dedicaba. Después de responderle escuetamente «a la poesía», el tipo, una persona inteligente en líneas generales y aficionado a la literatura, quiso saber de qué manera era posible dedicarse a día de hoy a una actividad que no produce beneficios económicos. Acostumbrado a la pregunta, le expliqué que aunque dedico la mayor parte del tiempo a la poesía o, mejor dicho, a la literatura en general, trabajo a jornada completa como profesor y ayudante de oficina en una empresa internacional y, cuando puedo, hago además pequeños trabajitos que me ayudan a ir tirando como en definitiva hace cualquier hijo de vecino.

     Desde luego que no se puede vivir de la poesía, sobre todo si se tiene en cuenta que uno pretende competir en un mercado saturado, dentro del cual imperan otras formas literarias que, más populares y asequibles, terminan atrayendo la atención de un público desde hace muchos años desinteresado en la profundidad. O.K., esto es un hecho, pero no proclamemos la tragedia todavía: si alguien se ha dedicado a la poesía contemporánea esperando hacer dinero es que se trata indiscutiblemente de un idiota y si, lo que es peor, se queja por no ser capaz conseguirlo, mi único consejo (y petición) es que abandone para siempre.

     No, señores, definitivamente la poesía ni da ni dio dinero en épocas pasadas, hecho en el que, a mi juicio, radica una de sus mayores ventajas frente a otras disciplinas literarias. Por un lado, la ausencia de intereses monetarios la ha mantenido relativamente al margen de las imposiciones del mercado editorial y, por otro, esta misma circunstancia ha propiciado que muy pocos buscavidas se interesen en medrar a costa suya, como sí ha sucedido con la narrativa, el cine, la pintura o la música entre otras. Por supuesto que es un fastidio no poder vivir de los escritos, pues no deja de ser frustrante el escaso reconocimiento que merece en sociedad el esfuerzo de componer buenos poemas. Tampoco es agradable encontrarse con el rechazo frontal que las editoriales a la clásica ponen ante los jóvenes poetas, aunque no resulta difícil entender que no merece la pena poner en juego un capital que se sabe perdido de antemano.

     ¿Qué nos queda, pues? Primero asumir que si queremos hacer pasta lo mejor será buscarse otro negocio y, segundo, que la última compensación por lo creado no será otra cosa que lo creado en sí (filosofía por otra parte positiva según varias posturas orientales). Por último podemos consolarnos asumiendo el coste verdaderamente ínfimo de la escritura de un poema, que pasa por papel, lápiz y tiempo y por fortuna no requiere disponer de un desbordante elenco de herramientas, un estudio de grabación o, lo que sería mucho peor, una legión de productores.

     Un saludo.