Pequeñas montañas superpuestas, Li Qingzhao

PEQUEÑAS MONTAÑAS SUPERPUESTAS

Llega la primavera a la ciudad,
la hierba reverdece,
no se han abierto aún todas las flores.
Tritura lentamente una torta de té.
Quedan los restos del sueño de la noche
pero espera ahuyentarlos con un vaso
de primavera líquida.

La sombra de las flores pesa sobre las puertas
y la luz de la luna se extiende en las cortinas.
Hermoso atardecer.
Tres veces en dos años
ha faltado a su cita en primavera.
«Regresa pronto, amor,
y aprovechemos esta que se acerca».

fuchun-remain

Extraído de Jade puro (Poemas para cantar) (Hiperión, 2014), de Li Qingzhao.
Traducción del chino de Kuo Tsai Chia y Miguel Salas Días.

Imprescindibles (IV): Fragmento de «Adiós a la India», por Chantal Maillard.

Hokusai: Ciegos examinando un elefante (1817).

Hokusai: Ciegos examinando un elefante (1817).

[…] Lo que las antiguas escuelas indias enseñaban comienza y tal vez termina en el conocimiento de los límites de la propia mente. Todo lo que puede decirse es pensado, lo que puede ser nombrado, y también la ausencia y la negación de lo que puede ser nombrado. Todo es producto de la mente: la analogía, el máximo y el mínimo, los superlativos y los opuestos son algunas de las operaciones lógicas con las que pone en relación unas cosas con otras. Pensamos la caducidad y ella inventa los dioses. Pensamos el miedo, ella inventa el mal. Pensamos la atracción e inventa el amor. Pensamos la limitación, inventa el infinito. Pensamos la muerte, inventa la inmortalidad. El mundo que inventa la mente es un mundo lógico, y en él creemos. ¿Qué hay más allá de él? La pregunta es una trampa: «más allá» es una función lógica. Nadie traspasará jamás el umbral de este mundo llevando en el zurrón alguno de los conceptos que la mente elabora para el viaje. Las teologías son sandalias de plomo; las enseñanzas espirituales, molestas enaguas. Solo alguien sin sombra traspasará el límite. Alguien sin palabras.

De Adiós a la India(Málaga: Puerta del Mar, 2009), aunque en estecaso ha sido extraído de India (Valencia: Pre-Textos, 2014).
Autora: Chantal Maillard.

La casa de las bellas durmientes – Yasunari Kawabata

cover house

    La primera novela que leí de Kawabata es, tal vez, una de las más reconocidas del autor: País de nieve (1935). De ella me quedan el recuerdo de una acción ralentizada, un personaje femenino y una preciosa descripción en clave alegórica de la congelación de un grupo de polillas posadas en el mosquitero de una habitación. La segunda fue Mil grullas (1949), una historia de amor y de presagios sazonada con una profundísima mirada al complejo universo del té, sus ceremonias y sus utensilios. La tercera, uno de sus trabajos de definitiva madurez, es la que más me ha deslumbrado hasta el momento.

     La casa de las bellas durmientes (1961), novela que he tenido la suerte de leer en la magnífica versión inglesa de E. Seidensticker, es una delicada pieza de orfebrería literaria y una rareza en todos los sentidos. La línea argumental, a pesar de que la acción está en todo momento reducida al mínimo, consigue atrapar al lector desde la primera línea en la fragante habitación de las cortinas rojas. A partir de este momento Kawabata nos introduce en la cabeza del protagonista, el viejo Eguchi, al que acompañaremos de principio a fin en su incursión magnética hacia el centro de la casa de las bellas durmientes, un extraño prostíbulo al que solo ancianos pueden acceder y en el que las prostitutas duermen siempre el sueño de los justos.

     Como en cualquier novela del autor, el más nimio detalle puede ser objeto de una reflexión profunda y bien estructurada, pero tal vez sea en esta obra donde precisamente este rasgo característico de Kawabata cobra el máximo sentido, pues termina transformándose a medida en que se extiende la novela en el motivo conductor del hilo narrativo. La memoria del protagonista, manifestándose siempre en el mejor momento, le sirve a Kawabata para guiar a los lectores a través de un mundo asombrosamente rico de olores, de sonidos y de imágenes, hasta llegar a un punto en el que el escenario de la acción da la impresión de haberse diluido en medio de una suma inoperable de ventanas. El erotismo, otro de los aspectos dominantes de la narración, es empleado en todo momento con una elegancia magistral por parte del autor, al que le hubiera resultado muy sencillo extrapolarse en descripciones y pornografía.

     Por si todo esto fuera poco, y teniendo en cuenta que la novela apenas llega al centenar de páginas, nos encontramos con que el prostíbulo está lleno de muchachas vírgenes (o de mujeres que aún no son mujeres, como dice el autor), pues la inmensa mayoría de su escasa clientela es tan anciana que se conforma solo con mirar y con pasar la noche junto a un cuerpo hermoso. Quien lea la novela descubrirá que Kawabata, al fin, no se dedica a hablar en este libro del lupanar de las bellas durmientes, sino de un lugar mágico (y doliente) en el que un diminuto grupo de personas incompletas se esfuerza por torcer la realidad.

     Una novela que no puede faltar ––y en este caso es cierto–– en una biblioteca que se precie.

NOTAS:

 (1) En inglés: House of the Sleeping Beauties and Other Stories (Kodansha International: Tokyo, 2004).

(2) En japonés 眠れる美女(Nemureru Bijo), de acuerdo con la información que se recoge en Wikipedia: http://en.wikipedia.org/wiki/Yasunari_Kawabata.

(3) Sobre el autor: Yasunari Kawabata se suicidó en 1972, once años después de terminar esta novela y dos después de que su buen amigo, el también escritor Yukio Mishima, realizara seppuku tratando de instaurar de nuevo el poder imperial en el Japón de los años 70.