La casa de las bellas durmientes – Yasunari Kawabata

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    La primera novela que leí de Kawabata es, tal vez, una de las más reconocidas del autor: País de nieve (1935). De ella me quedan el recuerdo de una acción ralentizada, un personaje femenino y una preciosa descripción en clave alegórica de la congelación de un grupo de polillas posadas en el mosquitero de una habitación. La segunda fue Mil grullas (1949), una historia de amor y de presagios sazonada con una profundísima mirada al complejo universo del té, sus ceremonias y sus utensilios. La tercera, uno de sus trabajos de definitiva madurez, es la que más me ha deslumbrado hasta el momento.

     La casa de las bellas durmientes (1961), novela que he tenido la suerte de leer en la magnífica versión inglesa de E. Seidensticker, es una delicada pieza de orfebrería literaria y una rareza en todos los sentidos. La línea argumental, a pesar de que la acción está en todo momento reducida al mínimo, consigue atrapar al lector desde la primera línea en la fragante habitación de las cortinas rojas. A partir de este momento Kawabata nos introduce en la cabeza del protagonista, el viejo Eguchi, al que acompañaremos de principio a fin en su incursión magnética hacia el centro de la casa de las bellas durmientes, un extraño prostíbulo al que solo ancianos pueden acceder y en el que las prostitutas duermen siempre el sueño de los justos.

     Como en cualquier novela del autor, el más nimio detalle puede ser objeto de una reflexión profunda y bien estructurada, pero tal vez sea en esta obra donde precisamente este rasgo característico de Kawabata cobra el máximo sentido, pues termina transformándose a medida en que se extiende la novela en el motivo conductor del hilo narrativo. La memoria del protagonista, manifestándose siempre en el mejor momento, le sirve a Kawabata para guiar a los lectores a través de un mundo asombrosamente rico de olores, de sonidos y de imágenes, hasta llegar a un punto en el que el escenario de la acción da la impresión de haberse diluido en medio de una suma inoperable de ventanas. El erotismo, otro de los aspectos dominantes de la narración, es empleado en todo momento con una elegancia magistral por parte del autor, al que le hubiera resultado muy sencillo extrapolarse en descripciones y pornografía.

     Por si todo esto fuera poco, y teniendo en cuenta que la novela apenas llega al centenar de páginas, nos encontramos con que el prostíbulo está lleno de muchachas vírgenes (o de mujeres que aún no son mujeres, como dice el autor), pues la inmensa mayoría de su escasa clientela es tan anciana que se conforma solo con mirar y con pasar la noche junto a un cuerpo hermoso. Quien lea la novela descubrirá que Kawabata, al fin, no se dedica a hablar en este libro del lupanar de las bellas durmientes, sino de un lugar mágico (y doliente) en el que un diminuto grupo de personas incompletas se esfuerza por torcer la realidad.

     Una novela que no puede faltar ––y en este caso es cierto–– en una biblioteca que se precie.

NOTAS:

 (1) En inglés: House of the Sleeping Beauties and Other Stories (Kodansha International: Tokyo, 2004).

(2) En japonés 眠れる美女(Nemureru Bijo), de acuerdo con la información que se recoge en Wikipedia: http://en.wikipedia.org/wiki/Yasunari_Kawabata.

(3) Sobre el autor: Yasunari Kawabata se suicidó en 1972, once años después de terminar esta novela y dos después de que su buen amigo, el también escritor Yukio Mishima, realizara seppuku tratando de instaurar de nuevo el poder imperial en el Japón de los años 70.

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