Nos vamos de viaje (Alzhéimer)

NN Nos vamos de viaje
y quiero que tú cuides de mis flores
y mis gatos.
Nos vamos de viaje…
Espero que mis llaves
les sirvan a tus puertas; las palabras
resultan a menudo algo indigestas,
pero acostumbrarás
tu cuerpo a lo que llegue.
 NN¿Querrás regar mis plantas?
Hay una cajetilla
oculta bajo un mueble,
contiene algunos versos de recambio
por si se va el fusible
y buscas medio ciega una respuesta.
NN Yo quiero que te encargues de mis manos
y mis ojos.
Nos vamos de viaje…
¿Los cuidarás tú sola?
No olvides cada día
el acto de regar, regar mi cuerpo
(adonde yo me voy no hay agua,
adonde yo me voy no puedo).
NN Te dejo mis sentidos y mis nervios,
por si los necesitas.
Hay una cajetilla
bajo un mueble:
contiene algunos versos de recambio.

(C) Juan Fernández Rivero.
Originalmente publicado en la revista Aurora Boreal (2013).

Observa

Observa.

La madre está pidiéndonos asilo.
La madre que ha esperado en su lugar
comiendo la comida de los pájaros,
la madre atravesada por la garra
Nsin tacto para el mármol de la historia.

Mira a la madre como un puño abierto
bajo el largo cabello de las nubes.

Decide tú si abrir o condenarla.

Juan Fernández Rivero
Originalmente publicado en la revista Aurora Boreal (2013).
Artista: Mark Rothko.

Madrigal triste — Charles Baudelaire (1821-1867)

baudelaire

I

       En nada me interesa que seas sabia. Sé bella, y sé triste, que el llanto agrega al rostro la hermosura como el río al paisaje, la flor rejuvenece en la tormenta.

Te amo sobre todo si lo alegre se aleja de tu frente sometida, cuando tu corazón en el horror se ahoga, cuando sobre el presente se desploma la nube del rubor de tu pasado.

Te amo cuando tu gran ojo vierte un agua como sangre, cálida; cuando, a pesar de mi mano meciéndote, tu angustia, tan pesada, te penetra como el gemido de alguien que agoniza.

¡Respiro, voluptuosidad divina, himno profundo y delicioso, cada sollozo de tu pecho y creo que se te enciende el corazón en las perlas vertidas por tus ojos!

II

         Yo sé que te rebosa el corazón de amores viejos ya desarraigados, que aún, como una forja, sigue en llamas, y sé que bajo el pecho, todavía, rescoldas el orgullo de un maldito;

mas hasta que tus sueños, vida mía, no hayan reflejado el mismo Infierno, hasta que en pesadillas sin descanso, alucinando espadas y venenos, enamorada del metal y el polvo,

abriéndole con miedo a cada hombre, en todo comprendiendo la desgracia, convulsionándote si dan las horas, no hayas tú sentido los abrazos del Asco irresistible,

jamás podrás, esclava reina, que tan solo me amas en el miedo, en el horror de la noche malsana, decirme, el alma llena de chillidos: ¡yo soy tu igual, mi rey!

El original (y una versión inglesa) aquí.