Brisa Marina (Brise Marine) — Stéphane Mallarmé (Francia, 1842-1898)

Obra de Joaquín Sorolla

Obra de Joaquín Sorolla

BRISE MARINE

La chair est triste, hélas ! et j’ai lu tous les livres.
Fuir ! là-bas fuir ! Je sens que des oiseaux sont ivres
D’être parmi l’écume inconnue et les cieux!
Rien, ni les vieux jardins reflétés par les yeux
Ne retiendra ce cœur qui dans la mer se trempe
Ô nuits ! ni la clarté déserte de ma lampe
Sur le vide papier que la blancheur défend
Et ni la jeune femme allaitant son enfant.
Je partirai ! Steamer balançant ta mâture,
Lève l’ancre pour une exotique nature!
Un Ennui, désolé par les cruels espoirs,
Croit encore à l’adieu suprême des mouchoirs!
Et, peut-être, les mâts, invitant les orages
Sont-ils de ceux qu’un vent penche sur les naufrages
Perdus, sans mâts, sans mâts, ni fertiles îlots…
Mais, ô mon cœur, entends le chant des matelots!

BRISA MARINA

NNLa carne es triste, sí, y yo he leído ya todos los libros. Huir, huir sin más, pues siento que los pájaros van ebrios de estar entre los cielos y la espuma. Nada, ni los jardines viejos reflejados por los ojos, retendrá un corazón mojado ya en el agua, oh noche, ni la claridad desierta de mi lámpara sobre un papel vacío que defiende su blancura, ni la joven muchacha que amamanta a su bebé. ¡Me marcharé! ¡Mueve tu mástil, nave, leva tus anclas hacia un paraje exótico! ¡El aburrimiento, por esperanzas crueles desolado, cree aún en el supremo adiós de los pañuelos! Y pues, tal vez, los mástiles invitan las tormentas, son ellos los que el viento inclina hacia los náufragos perdidos, sin mástiles, sin mástiles, sin fértiles islotes… Mas oye, corazón, ¡escucha el canto de los marineros!

Originalmente publicado en Seven Crossways. 
De Brise Marine (1865).
Versión en prosa de Juan Fernández Rivero.

Madrigal triste — Charles Baudelaire (1821-1867)

baudelaire

I

       En nada me interesa que seas sabia. Sé bella, y sé triste, que el llanto agrega al rostro la hermosura como el río al paisaje, la flor rejuvenece en la tormenta.

Te amo sobre todo si lo alegre se aleja de tu frente sometida, cuando tu corazón en el horror se ahoga, cuando sobre el presente se desploma la nube del rubor de tu pasado.

Te amo cuando tu gran ojo vierte un agua como sangre, cálida; cuando, a pesar de mi mano meciéndote, tu angustia, tan pesada, te penetra como el gemido de alguien que agoniza.

¡Respiro, voluptuosidad divina, himno profundo y delicioso, cada sollozo de tu pecho y creo que se te enciende el corazón en las perlas vertidas por tus ojos!

II

         Yo sé que te rebosa el corazón de amores viejos ya desarraigados, que aún, como una forja, sigue en llamas, y sé que bajo el pecho, todavía, rescoldas el orgullo de un maldito;

mas hasta que tus sueños, vida mía, no hayan reflejado el mismo Infierno, hasta que en pesadillas sin descanso, alucinando espadas y venenos, enamorada del metal y el polvo,

abriéndole con miedo a cada hombre, en todo comprendiendo la desgracia, convulsionándote si dan las horas, no hayas tú sentido los abrazos del Asco irresistible,

jamás podrás, esclava reina, que tan solo me amas en el miedo, en el horror de la noche malsana, decirme, el alma llena de chillidos: ¡yo soy tu igual, mi rey!

El original (y una versión inglesa) aquí.