Cuarta poesía vertical (1), de Roberto Juarroz

La vida dibuja un árbol
y la muerte dibuja otro.
La vida dibuja un nido
y la muerte lo copia.
La vida dibuja un pájaro
para que habite el nido
y la muerte de inmediato
dibuja otro pájaro.

Una mano que no dibuja nada
se pasea entre todos los dibujos
y cada tanto cambia uno de sitio.
Por ejemplo:
el pájaro de la vida
ocupa el nido de la muerte
sobre el árbol dibujado por la vida.

Otras veces
la mano que no dibuja nada
borra un dibujo de la serie.
Por ejemplo:
el árbol de la muerte
sostiene el nido de la muerte,
pero no lo ocupa ningún pájaro.

Y otras veces
la mano que no dibuja nada
se convierte a sí misma
en imagen sobrante,
con figura de pájaro,
con figura de árbol,
con figura de nido.
Y entonces, sólo entonces,
no falta ni sobra nada.

Por ejemplo:
dos pájaros
ocupan el nido de la vida
sobre el árbol de la muerte.

O el árbol de la vida
sostiene dos nidos
en los que habita un solo pájaro.

O un pájaro único
habita un solo nido
sobre el árbol de la vida
y el árbol de la muerte.

Barnett Newman's «Vir heroicus sublimis».

Extraído de Poesía vertical (Madrid: Cátedra, 2012).
Obra pictórica: Vir heroicus sublimis, de Barnett Newman (MoMA).

Tres haikus inconexos (Bashō, Buson, Shiki)

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kiyotaki ya                                   claras cascadas.
nami ni chirikomu                       se esparcen en sus olas
ao-matsu-ba                               hojas de pinos.

— ———————— ———————- Bashō

shimo hyaku-ri                            cien leguas de escarcha,
shūchū ni ware                           y en el barco yo solo
tsuki o ryō su                              poseo la luna.

—————- ———————- ———– Buson

manzan no                                 en todo el monte
wakaba ni utsuru                        yerbas nuevas reflejan
asahi kana                                  el sol naciente.

——————- —————————- — Shiki

Extraídos de Jaikus inmortales (Hiperión, 1983).
Traducción de Antonio Cabezas.

Pintura en tinta de Qi Baishi extraída de aquí.

Himno a Ártemis (fragmento), Safo de Lesbos

[…]
Pero Ártemis el grave juramento divino pronunció:
«Por tu cabeza, quiero por siempre virgen ser, nunca domada,
cazadora en las cimas de montes solitarios.
Vamos, pues, y confírmalo como un don para mí».
Así dijo, y le dio su asentimiento el padre de los dioses.
Dioses y hombres la llaman Virgen y Cazadora,
flechadora de ciervos —solemne sobrenombre—.
Y Eros, el que deja el cuerpo lánguido, no se le acerca nunca.

Safos de Lesbos

Extraído de Poemas y testimonios (Acantilado, 2004)
Traducción de Aurora Luque.